jueves, 20 de noviembre de 2014

¿PODRÁ "PODEMOS" ACTIVAR LA RUPTURA POLÍTICA DIFERIDA DEL POSTFRANQUISMO?





“Jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños”
Miguel Hernández



Gran expectación la que está despertando la irrupción de “Podemos” en el marco político español, no ya sólo entre los más jóvenes, sino también entre quiénes no pudimos, por razones de edad,  manifestar nuestra opinión en aquel referendum constitucional de diciembre de 1978, sino también en aquellos sectores sociales que vieron truncadas sus esperanzas de que, una vez muerto el innombrable, pudiera haber un cambio político real en nuestro país.


Han transcurrido casi 36 años desde entonces, momento en el que muchos nos planteamos si será “Podemos” la fuerza política capaz de asumir la dirección de aquella ruptura diferida por la que muchos lucharon y en la que tantos otros creímos y seguimos creyendo.


Por primera vez después de casi cuatro decenios, alguien se atreve a alzar la voz exigiendo, no ya sólo un proceso constituyente (como igualmente otras fuerzas políticas han pedido reiteradamente), sino un cambio de “Régimen”, entendiendo por tal la pantomima surgida de la nada modélica Transición, un mero cambio cosmético de la realidad socio política que garantizó el mantenimiento de todo tipo de prebendas y de  privilegios, muy propio de los procesos reformistas, la cara opuesta de los procesos revolucionarios.


No negaré una cierta simpatía hacia “Podemos”, simpatía que no debe confundirse con mi apoyo hasta que, lejos del populismo de muchas de sus propuestas, sean capaces de convencerme de su viabilidad, algo ontológicamente casi imposible desde el momento en el que su programa pasa por potenciar el poder del Estado hasta límites casi inimaginables, aunque sea bajo la aureola de una especie de padre salvador que, por su propia naturaleza, ni lo ha sido ni lo podrá ser nunca.


Sin embargo, el hecho de que propugnen el cambio de “Régimen”, me suena bien, teniendo en cuenta que, dicho en otras palabras, podría ser entendido como la ruptura diferida tantos años esperada, algo así como una especie de proceso de carácter revolucionario sin enfrentamientos armados, aunque, eso sí, con un Ejército a la expectativa (de la que “Podemos” no ha dicho apenas nada) que, a buen seguro, imposibilitará cualquier cambio real, y que abortarán igualmente y como sea, las oligarquías cuya pervivencia garantiza y que le dan razón de ser.


Tengo muchas dudas sobre “Podemos”, especialmente su “misteriosa” irrupción en el aparato mediático audiovisual controlado por los garantes del Régimen al que, supuestamente, quieren darle jaque y, al mismo tiempo, me gusta pero también me asusta la gran llamarada de ilusión que están generando entre tanta gente, por eso, sugiero ser muy crítico con esta nueva formación a la que debemos de exigir las más altas cotas de honestidad, sobre todo, para que no vuelva a ocurrir lo que ocurrió en 1982 con el PSOE de Felipe González y, sobre todo y fundamentalmente, para que esta nueva llamarada de ilusión no se vea sofocada con la misma celeridad con la que, espontánea o teledirigidamente, esa es otra cuestión, (sugiero leas el artículo de Michael Chossudovsky “fabricando la disidencia”) surgió “Podemos” con la fuerza imparable de una indignación fecundante a lomos de la ilusión de una sociedad desencantada.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

¿QUE HAY DETRÁS DE LOS MEGA CENTROS COMERCIALES?



“La evidencia, es la más decisiva demostración”


Marco Tulio Cicerón




Uno de los hábitos sociales más extendidos de los últimos tiempos en la sociedad globalizada de libre mercado en la que vivimos, ha sido el incremento exponencial del consumo realizado por los clientes /consumidores en los grandes centros comerciales.


Una fiebre que comenzó a principios de la década de los 80 y que no ha parado de crecer, hasta el punto de haberse convertido, gracias a una maquinaria publicitaria super agresiva, en uno de los pasatiempos preferidos para una gran parte de la población mundial, fenómeno social que plantea no pocos interrogantes.


Se han planteado cuestiones como la posible influencia psicológica ejercida sobre el inconsciente por el atrevido diseño estructural (fundamentalmente por las construidas a mediados de los 90), a través de conceptos como la gran altura de muchos de ellos con la que se  pretendería emular las de las grandes catedrales, buscando el efecto psicológico de convertir las grandes superficies comerciales en los nuevos espacios religiosos de la Nueva Era.


En este mismo sentido, su orientación y  forma geométrica (al igual que hacían los antiguos “maestros canteros” y los masones)  el uso de la  Luz, como fuente de energía,  o del Agua (que suele aparecer en forma de pequeños estanques, lagunas o cascadas), juega un papel psicológico fundamental, pues representa, a nivel simbólico, el mundo de las emociones en todos sus grados vibratorios, induciendo a un consumo, muchas veces compulsivo, además de utilizar técnicas de marketing como la llamada “ruptura de la resistencia”, consistente en hacer desaparecer las puertas de las tiendas allí concentradas para “facilitar” la entrada del cliente consumidor.


Asimismo, con la creación de estas mega superficies, se estaría tratando de suplantar el vacío existencial de una sociedad urbanita, por una felicidad artificial basada en el materialismo del acaparamiento del “tener más y más”.


Por otro lado, parece existir una relación directamente proporcional entre su progresiva aparición, con la imparable e irreversible destrucción del pequeño comercio tradicional y familiar que, durante cientos de años, ha constituido el modo de vida esencial para muchísimas familias sobre la base de la creatividad y el gremialismo.


Los defensores de esta nueva manera de enfocar el consumo, argumentan que constituye una manera de hacer converger en espacios concentrados, a unos individuos que ya apenas se comunican, algo semejante a la “polis” griega con la diferencia de que en ésta las gentes se reunían para conversar y debatir y, en aquellos, muchas personas sólo lo hacen impulsados por el hedonismo o la banalidad del consumismo sin sentido.


Finalmente, estas grandes superficies, máximo exponente de la religión neo liberal, no serían posibles sin una mano de obra barata semi esclava para su construcción, sin una libertad de horarios sin límites de fechas ni de horas, y sin una legislación “fabricada” por una casta política servil, demostración palpable de que no hay capitalismo sin legalidad estatal ni Estado sin capitalismo (llegando incluso al paroxismo al calificar como “zonas de influencia turística” algunos de estos mega centros).


Por todas estas razones, a algunos, lejos de atraernos con su parafernalia publicitaria, nos entra dolor de estómago y de cabeza cada vez que tenemos que acercarnos, siempre por necesidad, a semejantes monumentos al consumismo y al ocio mal entendidos.


 

jueves, 13 de noviembre de 2014

LA EUTANASIA Y EL DERECHO A MORIR CON DIGNIDAD




“Se debe morir orgullosamente cuando ya no es posible vivir con orgullo”
Friedrich Nietzsche





De la misma manera que un día nacimos a la Vida, antes o después abandonaremos esta existencia, realidad inexorable a la que nadie es ajeno y que plantea no pocos interrogantes en torno al derecho a morir con dignidad.

Hablar de la muerte en nuestra cultura no es un asunto fácil, por estar rodeado de tabúes y perjuicios programados basados en la ignorancia y en el miedo, producto de la hipocresía de esta sociedad artificial e hipócrita donde la haya.

Algunas de las muchas cuestiones que  podrían plantearse en torno a la fase final de la vida en  estado  vegetativo, terminal o insufrible, garantizando, en todo caso, el tratamiento y atención paliativos hasta donde la ciencia sea capaz de llegar y hasta el último momento, podrían ser las siguientes:

  1. ¿es moralmente admisible prolongar artificialmente una Vida a la que la Naturaleza ha puesto fecha de caducidad, inyectando al paciente toda clase de medicamentos para mitigar sus dolores, prolongar su tratamiento a sabiendas de su inocuidad o llenándolo de cables hasta hacerlo incluso irreconocible?
     
  2. ¿Es éticamente sostenible impedir al enfermo que pueda decidir no querer ya seguir viviendo, obligándole a un padecimiento insoportable porque los criterios deontológicos y la hipocresía social así parezcan imponerlo?
     
  3. ¿Habría que dar un paso adelante y regular legalmente, en casos muy concretos y taxativos, la llamada eutanasia activa (del griego eu-thanasia = buena muerte), fundamentalmente con la finalidad de cerrar cualquier posibilidad a políticas de carácter eugenésico, así como despenalizar el auxilio al suicidio (tipificado en el artículo 143.2 del Código Penal pese a que el 60% de la población sea partidario de no incriminarlo) y dar carta de naturaleza a la eutanasia pasiva (no actuar para prolongar la vida o actuar por omisión), ya de hecho, aplicada en innumerables casos, aunque la Asociación Médica Mundial la considere siempre contraria a la ética mientras la Organización Mundial de la Salud no diga nada al respecto circunscribiéndose a describir las modalidades de la activa?
     
  4. ¿cómo admitir que tomemos decisiones por el enfermo, incluso sin contar con él, cuando éste disponga de pleno discernimiento?
     
  5. ¿Debería admitirse como válido el llamado “testamento biológico”, en el que la persona, en pleno uso de sus facultades cognitivas, establece en qué casos debería dejársele morir caso de verse privado de aquellas o de padecer grandes dolores?
     
  6. ¿Debería ser el médico de atención primaria, antes conocido como “médico de cabecera”, quién asistiese al paciente en su trance final en vez de los equipos especializados de los “cuidados paliativos”, útiles y eficaces pero fríos y distantes aunque no por ello deshumanizados?
     
  7.  ¿quiénes somos para ocultarle al enfermo su estado real, disfrazándolo de zarandajas, máxime teniendo en cuenta que el interesado intuye mejor que nadie la auténtica realidad? ¿deberíamos ser nosotros o los médicos los encargados de asumir la responsabilidad de hablarle con claridad?
     
  8. ¿por qué hacemos lo imposible por alargar una vida que ya no es digna, no pensando tanto en el sufrimiento del enfermo sino en nuestro propio egoísmo?
     
  9. ¿somos conscientes de que, cada día más, nos aferramos, por comodidad, a que el fallecimiento de nuestros seres queridos tenga lugar en la fría cama de un hospital, en vez de en la calidez de su hogar?
     
  10. ¿Puede alargarse una vida artificialmente, sin ninguna posibilidad real apreciable de mejora, aunque ello suponga enormes costes económicos para el sistema general de salud en detrimento de otras necesidades tendentes a alargar o mejorar otras vidas con garantías reales de dignificarlas?
     

Estas y otras muchas cuestiones cabría plantearse en torno a un asunto tan natural como “antipático” de abordarse en la sociedad occidental, a diferencia de otras culturas donde la muerte y el derecho a morir con dignidad forman parte de su idiosincrasia.

La muerte es pues un tabú al que nos enseñan a temer, a no enfrentar y hasta ignorar, hasta que ya no hay más remedio  (yo mismo me vi en esta tesitura hasta que no me quedó otra opción tras el fallecimiento de mi madre), al tiempo que el debate ético  en torno al derecho  a morir dignamente se convierte en un asunto de extraordinaria importancia al que nadie debiera estar ajeno.

Un derecho, el de morir con dignidad, tan incuestionable como lo es el vivir de la misma manera, con independencia de  la discusión ética sobre el cómo, cuándo y en qué condiciones podríamos ponerla fin, cuando la vida no sea ya más que mera biología a medio ensamblar, pues respetando todas las disquisiciones morales, espirituales o materialistas, es esta una decisión que pertenece al foro más íntimo de cada cual y, por lo tanto, al sancta sanctorum de nuestra conciencia.

Pd: recomiendo que veas, si no la has visto ya, la película “MAR ADENTRO

martes, 4 de noviembre de 2014

POR QUÉ LEY NO ES SINÓNIMO NI GARANTÍA DE JUSTICIA





Cuando una ley es injusta, lo mejor es desobedecer”


Mahatma Gandhi, “el Alma Grande”


 


“El talento puede dar prestigio; el valor, puede dar soldados; la tiranía puede dar esclavos, pero sólo la Justicia puede dar la fuerza”


Silvio Pellico, escritor y poeta italiano.


 


“Las Leyes, muchas veces, son una traba para la Justicia justa”


Rafa Dedi, poeta y actor español.


 


Resulta preocupante verificar cómo, en gran parte de la sociedad, parece marcada a fuego, como si fuera una gran verdad, que la Ley es sinónimo de Justicia cuando la realidad es que esta aseveración constituye una falsedad monumental.

Quiénes hemos estudiado Derecho conocemos o deberíamos conocer que mientras la Ley es, sin más, la expresión de la voluntad popular emitida por sus representantes y traducida en un conjunto normativo, la Justicia, en cambio, es un Valor Superior sobre el que debería sustentarse y al que siempre debería aspirar, de hecho, una ley, decía Santo Tomás de Aquino, siendo legítima podría, no obstante, ser injusta y, en consecuencia, ”no obligar en el foro de la conciencia”.

Por lo tanto, mientras la Justicia como Valor es ontológicamente una aspiración (Ley Natural) que forma parte del contenido axiológico de los grandes valores naturales, la Ley no sería sino la expresión general de un colectivo concreto para ordenar su convivencia, un objetivo que, en modo alguno, garantiza el cumplimiento de aquella aspiración que, muchas veces, ni  siquiera contempla.

En este sentido, los estudiosos del Derecho, históricamente, se han enmarcado, bien en la corriente del llamado iusnaturalismo o Derecho Natural (defensor de la existencia de unos derechos universales, inmutables, anteriores e independientes de cualquier texto jurídico por estar vinculados a la esencia humana y que, caso de ser reconocidos como tales por la Razón, darían lugar al denominado iusnaturalismo racionalista),  o bien dentro de las coordenadas del positivismo jurídico (defensores de que su legitimidad dependería, únicamente, del reconocimiento normativo efectivo vigente en un determinado momento).

En este sentido, una Ley siendo legítima por cumplir todas las garantías formales previstas para su aplicación, podría ser, y de hecho muchas veces es injusta (algo admisible para los iusnaturalistas pero no para los positivistas), al contravenir la aspiración del Valor que debiera ser siempre su inseparable referente, un Valor, el de la Justicia, que entronca directamente con la Ética o con la Moral.

Dicho lo cual, de lo que no cabe ninguna duda es de que, por mucho que se empeñen por hacernos creer lo contrario, Ley y Justicia, debiendo ser hermanas inseparables son, sin embargo, antagonistas irreconciliables en no pocas oportunidades, como así ha demostrado la Historia y  demuestra  también nuestra realidad social actual, en la que vivimos ahogados por miles de leyes cuya única finalidad es preservar el orden de quiénes las confeccionan asegurándose, de paso, nuestra indefensión, ignorando, cuando no despreciando, aquel Valor superior que, para cubrir el expediente, reconoce nuestro texto constitucional en su artículo primero.

Llegados a este punto cabría plantearse, caso de que la ley fuera injusta, si sería ético desobedecerla, lo que en el plano individual daría entrada al reconocimiento de la llamada objeción de conciencia y, en el colectivo, a la desobediencia civil; en este sentido, el eminente jurista Henry Thoreau señalaba que, en tales supuestos, “sería necesario resistir la Ley injusta hasta lograr su transformación”, de donde deduzco como moral la conducta consistente en desafiarla.

Como para muestra basta un botón, te invito a que te hagas la siguiente reflexión: ¿por qué los ordenamientos jurídicos repiten hasta la saciedad conceptos como “Imperio de la Ley”, “Estado de Derecho”, “Principio de Legalidad” o que “la ignorancia de la Ley no excusa de su incumplimiento”, o por qué muchos se atrincheran bajo expresiones tales como “la Ley es la Ley”, “la Ley debe de ser respetada por encima de todas las cosas” o “lo que dice la Ley es sagrado”, dejando un escaso margen para el término “Justicia”, para referirse con él  al aparato administrativo encargado de administrarla para satisfacer los intereses de quiénes las elaboran y de quiénes las ejecutan que, al fin y a la postre, son lo mismos.

Alcemos pues la voz y no callemos, en lo sucesivo, cuando volvamos a ser testigos de cómo el error inducido de identificar y confundir la Ley con la Justicia, prenda en el común de los mortales, como un  programa tan tendencioso como falaz que, a fuerza de repetirse incansablemente, termina asumiéndose como cierto.

Porque, sencillamente, Ley y Justicia no son lo mismo.

sábado, 1 de noviembre de 2014

"ME DECLARO CULPABLE"






Buscador: "Maestro, ¿cómo puedo encontrar el Camino?"
Maestro: "Aprende a caminar y el Camino te encontrará a ti"






"Me declaro culpable", este podría ser el título de la confesión pública que podríamos hacer muchas de las personas que formamos parte de esta sociedad, en el hipotético caso de que nos viéramos sometidos a un juicio individual en el que partiéramos de un momento de lucidez y en el que único Tribunal fuera nuestra propia Conciencia.


 
Me declaro culpable de vivir al margen de lo que soy en realidad, de lo que percibo que soy en esos momentos de lucidez en los que me encuentro bien conmigo mismo /a más allá de los convencionalismos.

Me declaro culpable de delegarlo todo en los demás, prefiriendo que sean otros quiénes decidan por mí en la política, la educación y la salud, en vez de apostar por mi propia libertad.

Me declaro culpable de hacer dejación de un deber tan importante como el de educar a mis hijos, prefiriendo poner esa educación, por comodidad y desinterés, en manos de funcionarios estatales y de otros elementos externos al dictado de programas automatizados y generalistas que en modo alguno contemplan su individualidad.

Me declaro culpable de aceptar condiciones de trabajo propias de un esclavo y hasta de “bendecir” al amo que me sodomiza sin escrúpulos y me empala hasta el paroxismo, con la excusa de poder comer aunque sea a costa de mi propia dignidad.

Me declaro culpable de contemplar la llegada de las pateras a las costas de mi país o el abordaje de las verjas de la vergüenza ubicadas en Ceuta, mientras permanezco impasible diseñando el plan del fin de semana que incluirá la ingestión de comida basura en un Mc Donald o un Burger King.

Me declaro culpable de utilizar caprichosamente y sin ninguna razón de utilidad, artefactos tecnológicos salpicados de sangre como los teléfonos móviles o las “tablets”, gracias al coltan arrancado a las entrañas de la Tierra por seres humanos anónimos y africanos esclavizados hasta morir.

Me declaro culpable de asistir impertérrito/a a cómo mis hijos envenenan su sensibilidad y sus mentes con juegos tecnológicos consistentes en competir sin límites contra contrarios imaginarios o en matar, de mil y una maneras, enemigos virtuales.

Me declaro culpable de haberme dejado seducir por el canto de las sirenas, dejándome hipotecar, muchas veces de por vida, por una vivienda que no podía tener prescindiendo de otra que, sin ser mía, me garantizaba una vida digna sin dependencias externas, mientras, al mismo tiempo, me reía de quién estaba en alquiler.

Me declaro culpable de tener una cuenta en los bancos, de seguir tratando con estos felpudos del capitalismo más soez y de seguir culpándoles de mis desgracias cuando hemos sido nosotros los que nos hemos dejado embaucar mientras seguimos garantizando su existencia solicitando sus servicios.

Me declaro culpable de dilapidar buena parte de mi tiempo en los llamados “narcóticos sociales” como el fútbol, o en programas televisivos tan “edificantes e instructivos” como Gran Hermano, Sálvame Diario, el Chiringuito o el Debate de la Sexta, por citar sólo unos pocos, mientras dejo transcurrir mi vida sin leer ni un solo libro.

Me declaro culpable de alimentarme sin importarme la composición ni la procedencia de lo que como, de hacerlo tres veces al día aunque no tenga hambre o de engullir hasta las cejas en fechas como las navideñas.

Me declaro culpable de ser un hipócrita consumado, participando, como protagonista o como invitado, y sólo por el qué dirán, en actos sociales como Bodas, Comuniones, Funerales o reuniones familiares a las que no deseo asistir.

Me declaro culpable de cambiar de coche caprichosamente, de sustituir una televisión en buen estado por otra de plasma de última moda o de consumir sin sentido, por compulsión autómata, en las denominadas “zonas de influencia turística” y en los grandes hipermercados, incluidos los días y las horas que marca el interés del Capital.

Me declaro culpable de absorber, como una esponja, la información que me transmiten los medios generalistas, sin molestarme en contrastarla ni tampoco de activar mi espíritu crítico para preservar mi libertad de pensamiento.

Me declaro culpable de esconder mi cabeza al igual que hace el avestruz, ante lo que no me gusta para, cobardemente, no afrontar la realidad tal cual como antídoto y primer paso para construir un mundo mejor.

Me declaro culpable de seguir participando en los diferentes  procesos electorales, sabiendo que son un fraude en sí mismos y que sólo constituyen un mero formalismo en manos de la dictadura parlamentaria de los partidos.

Me declaro culpable de gastar lo que no tengo en una entrada para un partido de fútbol, en un bolso nuevo que anuncian en la televisión o en una camiseta o pantalón de última moda para no ser menos que mi compañero o mi vecino, así como en comprarle a mi hijo el último modelito del futbolista de moda.

Me declaro culpable, en resumidas cuentas, de estar haciendo dejación de mis funciones como ser humano para convertirme en un ser nada, consintiendo el permanente ultraje a mi dignidad sin rechistar.

Me declaro culpable, en definitiva, de haber contribuido a crear una realidad en la que hemos creído vivir en un falso paraíso, mientras nuestros hijos, pese a haber nacido en este sucedáneo del Edén, vivirán, sin embargo, en un infierno.

Pero, sobre todo, me declaro culpable de no atreverme a ser yo mismo, de matar antes de nacer mis propios sueños, de vivir para contentar a todos menos a mí mismo, de no creer en mis posibilidades y, sobre todo, de no creer en mí mismo / a

jueves, 30 de octubre de 2014

¿DEBEMOS VACUNAR A NUESTROS HIJOS?







“Las autoridades médicas son mentirosas, la vacunación ha sido un desastre para el sistema inmune y la causa de un gran número de enfermedades; como consecuencia de ello nuestro código genético está cambiando de manera que, de aquí a diez años, seremos conscientes de que el mayor crimen contra la Humanidad han sido las vacunas”.


Guyslaine Lanctot, médica canadiense y autora del libro best seller mundial “Mafia médica”.




Nota del autor:
la presente reflexión está inspirada en las aportaciones a la comunidad social de la Liga para la Libre Vacunación http://www.vacunacionlibre.org así como en las del eminente biólogo español Máximo Sandín y en el vídeo emitido por RTVE en su programa "La noche temática" titulado "la guerra de las vacunas" que adjunto al final del artículo junto a las enlaces que recomiendo por ser de máximo interés






Cuando todavía no se han apagado los ecos sobre los casos del virus del Ébola en España, parece llegado el momento de hacer algunas puntualizaciones extraordinariamente importantes en torno a las vacunas y a las campañas masivas de vacunaciones promovidas desde las Administraciones Públicas.

No entraré, por no ser un especialista en la materia, en cuestiones médicas ni científicas (para lo cual te adjuntaré importantes enlaces y vídeos para que puedas informarte por ti mismo), sino que me centraré, por un lado, en rebatir  algunos de los mitos que rodean a la vacunación y, por otro, en la no obligatoriedad legal de vacunarse en España (en contra de lo que piensa la mayor parte de la población, y salvo un caso habido en Granada en 2010 en que un juez ordenó la vacunación de todos los niños de la ciudad ante el riesgo de un brote epidémico).

Empezaré diciendo que la finalidad de las vacunas es loable, ya que tratar de salvaguardar eficazmente a la población de un posible contagio es algo digno de alabar y que todos apoyamos; otra cosa diferente es que si se demostrase, como así ha sido, que las vacunaciones masivas no garantizan la inmunidad frente a las infecciones víricas que pretenden combatir, entonces su aplicación devendrá inútil y sólo responderá a intereses comerciales.

De la misma manera, si bien es cierto que su fundamento es estimular la producción de defensas (anticuerpos), sin embargo, no ha podido ser probado que dicha generación constituya una garantía inmunológica frente a la posible aparición de la enfermedad; no siendo cierto tampoco que todos los vacunados reaccionasen igual ante un mismo germen patógeno, lo que es una prueba evidente de que el grado de “perversidad” del virus dependerá de la robustez del sistema inmunológico natural de cada individuo y de no campañas programáticas teledirigidas.

Además, es muy importante reseñar que, en el organismo humano, habitan gran cantidad de bacterias y de virus bacterianos (fagos), lo que demuestra que no son “enemigos” naturales como ha pretendido hacernos creer los biólogos darwinistas desde el oficialismo, sino elementos propios de aquel  que están muy lejos de ser nocivos si las condiciones naturales del sistema celular en el que viven fueran las adecuadas.

Se ha demostrado, igualmente, cómo tras la inoculación controlada mediante las vacunas, no sólo no se garantiza la no aparición del contagio, sino que incluso llega a provocar su aparición (a veces muchos años después producto de la naturaleza transitoria de aquella), de la misma manera que, raramente, se informa a los progenitores de los niños de los efectos, a menudo inocuos, y otras veces nocivos e, incluso en algunos casos irreversibles, que pueden producir debido a los elementos químicos que las componen como es el caso, entre otros, del mercurio (en dosis que superan los límites aceptados si durante los primeros seis meses de vida el bebé fuera vacunado con todas las vacunas recomendadas).

Sin embargo, la crítica más importante que puede y debe hacerse a las campañas masivas de vacunaciones, es que silencian el que la infección sólo será posible si concurrieran unas condiciones higiénicas o medio ambientales insuficientes o unos sistemas inmunológicos debilitados como consecuencia de una mala alimentación (lo que explica que en Tercer Mundo haya tantas epidemias y tan diversas, aunque la OMS haya reconocido no existir relación inversa  entre la inoculación y los contagios, lo que implica reconocer su inefectividad), es decir, una sociedad bien nutrida e higienizada no será nunca susceptible de una infección vírica, aparte de que, como ha reconocido la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, el decrecimiento de enfermedades infantiles en el Reino Unido entre 1850 y 1950 decreció un 90% debido a la mejora en las condiciones sanitarias, y no a los programas de vacunaciones, por la sencilla razón de que estos todavía no existían.

Conviene que sepas también que, en contra de lo que muy posiblemente hayas creído hasta ahora, no existe en España obligación legal alguna de vacunar a nuestros hijos (36 pinchazos de media en los tres primeros años), aunque sí es cierta la enorme presión ejercida, con este fin, por parte de las administraciones públicas sanitarias y educativas, y todo ello siempre con la excepción, eso sí, de peligro de contagio epidemiológico masivo en la comunidad.

Son conocidos los efectos inocuos, nocivos o incluso  letales que las vacunas pueden producir  en los organismos de los niños en plena fase de desarrollo, y aunque no ha podido demostrarse científicamente, son muchos los testimonios de los padres en todo el mundo que aseguran existir relación causal directa entre las vacunas y el autismo, aunque sí se ha demostrado que la vacunación contra la polio (vacuna Sabin o Salk) lejos de erradicar esta enfermedad, la ha aumentado considerablemente ( de hecho el Centro de Control de Enfermedades CDC confirmó que el 87% de los casos habidos entre 1973 y 1983 fueron causados por la inoculación de la vacuna de la polio, confirmando poco después que lo fueron todos en su totalidad).

La decisión de vacunar o no a los niños no es una cuestión menor, ya que, en el fondo, lo que subyace, una vez más, es la pugna entre la intromisión pública en el área más íntima del individuo y la libertad individual de éste para tomar sus propias decisiones al amparo de criterios éticos, religiosos, filosóficos o naturalistas, ya que la inmunización es voluntaria y nunca obligatoria (te recomiendo, al respecto, que veas el documental emitido por RTVE en su programa “La noche temática” titulado “La Guerra de las Vacunas” sobre esta cuestión en los Estados Unidos).

Llegados a este punto cabe preguntarse por qué motivo siguen organizándose campañas públicas de vacunaciones masivas contra supuestos agentes patógenos cuya erradicación hace tiempo fue conseguida ya (como el caso de la difteria, erradicado en España hace veinte años) y, sobre todo, a quién interesa la producción a gran escala de vacunas que, además de ineficaces, son muchas veces nocivas, pregunta que obtiene su respuesta en los intereses de las grandes multinacionales farmacéuticas con la connivencia legal, como no podía ser menos, del aparato sistémico que le sirve de cobertura y garantía (no olvidemos que, junto con la industria de las armas y el negocio de las drogas, la de los productos farmacéuticos es la que más dinero  mueve del mundo).

Puede, en conclusión, que una vacunación masiva evite que un número importante de niños se puedan contagiar pero, ¿qué sucedería en caso de que uno sólo de ellos muriera como consecuencia de esa inoculación? ¿De qué serviría entonces el argumento de “la cobertura colectiva” que, en teoría, garantizaría la inmunidad de todos, incluidos los no vacunados, cuando se ha demostrado la existencia de epidemias estando vacunado incluso hasta el 100% de la población?

En definitiva (y esto te invito a que lo compruebes en los enlaces adjuntos y otros que puedas encontrar por ti mismo), son infinidad los casos documentados en medios científicos que avalan la ineficacia de las vacunas y su irrelevancia cierta en la erradicación de las enfermedades contagiosas, así como las cada vez más denuncias (11.000 al año en los Estados Unidos por esta causa, 100 de ellas por resultado de muerte).

Para concluir dejaré muy claro, para que nadie me malinterprete, que siempre deberemos de estar agradecidos a grandes hombres de ciencia como Jenner, Pasteur, Berchamp Bernard, Alexander Fleming  y tantos otros cuyos descubrimientos han contribuido a salvar tantas vidas, lo que no debe de ser confundido con el uso torticero que los poderes públicos y sus adláteres, las farmacéuticas, han hecho y siguen haciendo de los fundamentos de sus investigaciones, con la única finalidad de comercializar estos productos a gran escala en busca del beneficio propio sobre la base de "curar" enfermedades y no de prevenirlas y, al mismo tiempo, atemorizar a la población, como una herramienta más de control, sobre el peligro incierto y exagerado que supondría para sus hijos no someterse a los programas de vacunaciones masivas promovidas desde el Estado.

Termino con una pregunta en alta voz para que todos reflexionemos un momento: si la vacuna, para que sea eficaz, tiene que estar fundamentada en una cepa del virus patógeno que se pretende combatir, ¿cómo es posible que, cada año, haya almacenadas cientos de miles de vacunas contra un virus, mutado y por lo tanto distinto al anterior, del que no tienen muestra alguna porque sencillamente no existía en el momento de su elaboración comercial? ¿A quién pretenden engañar? ¿De qué nos vacunan entonces?, argumento semejante para la vacuna contra la rabia canina (erradicada en España desde hace casi 40 años con la que se sigue vacunando a los casi seis millones de perros que hay en el país), amparándose en que en 2010 se dio un caso concreto cuya transmisión o contagio es más que dudoso, caso que para la industria legitima la producción de miles de millones de dosis anuales.

Estemos alerta, porque los funcionarios sanitarios, aún sabedores muchas veces de todo lo que estamos exponiendo, lo callan o peor aún lo desprecian o lo ignoran en vez de investigarlo, estemos alerta pues, porque los programas de vacunaciones masivas son otro instrumento de control más en manos del Poder con el que, aparte de incrementar sus arcas, pueden también buscar otros fines mucho más dañinos directamente relacionados con nuestra salud física y, sobre todo, mental.

Enlaces de interés:


Manifiesto de la Liga de la Libre Vacunación sobre las Vacunas 




Desmontando los mitos sobre las vacunas 

Regulación legal sobre la no obligatoriedad de vacunarse en España y las vacunas que se recomiendan 

Calendario de Vacunación  y las vacunas recomendadas



jueves, 23 de octubre de 2014

¿PODEMOS FIARNOS DE "PODEMOS"?





"La Verdad se defiende sola, mientras la mentira necesita del apoyo de los poderes establecidos"

Thomas Jefferson

"Podemos" está de moda, lo mismo que su líder, Pablo Iglesias, hasta el punto de haberse erigido en protagonistas de todo tipo de debates en los medios generalistas, así como en el foco de atención del desencanto generalizado de la ciudadanía. 

La fuerza con la que el marketing de la élite ha apostado por "Podemos", su nueva creación, no es sino una demostración más de como el Sistema no duda en reinventarse a sí mismo ante el agotamiento de las estructuras tradicionales de que se han valido en los últimos tiempos, creando una forma novedosa llena de juventud, atrevimiento y desenfado.

El tiempo está demostrando, tal y como ya se publicó en este blog,  que el Movimiento 15 M, cuyo espíritu afirman haberles inspirado, no fue sino un experimento de ingeniería social orquestado para pulsar el grado de descontento de la calle, como paso previo al "derribo" de la actual nomenclatura política hasta sustituirla por otra que asegure un cambio, aparentemente radical, pero en modo alguno real.

De esta manera, ante el progresivo e ilimitado ataque contra los derecho sociales y la dignidad del individuo, parece haber llegado el momento de encauzar esa emergente "disidencia", fabricando ese líder del que el 15 M careció, y cuya presentación "en familia" tuvo lugar, en los medios de desinformación generalistas, varios meses antes de celebrarse las elecciones al Parlamento Europeo en la primavera de 2014, que supusieron la irrupción pública de "Podemos2 en la vida política del país, aunque ya algunos viniéramos siguiendo las evoluciones de su "fabricación" a través de su medio alternativo "La Tuerka".

Sobre su carismático líder Pablo Iglesias, hemos oído de todo, un personaje de verbo fácil y atrevido espoleado por la ineptitud e incapacidad y servilismo de la práctica totalidad de los medios de sus contertulios mediáticos que lo único que hacen es contribuir a aportarle más seguidores, ha cautivado, no sólo ya a los supuestos radicales de turno, sino también a amplios sectores de las más variadas capas sociales, incluido el potencial electorado del centro (lo mismo que hizo Felipe González en 1982), por cierto, su objetivo principal, de cara a los próximos procesos electorales que me atrevo a vaticinar llevarán a "Podemos" al Poder en un plazo no superior a cinco años, dejando muy claro mi respeto más sincero para cuántos trabajan desde lo mejor de sí mismos, incluidos muchos de sus dirigentes, por este proyecto creyendo de buena fe que es el mejor.

Sin embargo, como ya publiqué en su momento en este mismo blog, el paralelismo existente entre el señor Iglesias y el señor X del caso GAL es tan evidente, que la sospecha de que los dos hayan sido "fabricados" con el mismo molde supuestamente transformador de la sociedad, parece más claro que el mismísimo Sol.

El señor Pablo Iglesias ha enganchado con su discurso populista y hablando de asambleísmo a amplios sectores sociales (especialmente de la juventud y de la izquierda burguesa como son el PSOE e IU), cuando lo que parece cierto es que, dejando aparte algunas grandes operaciones de marketing sociológico como la votación abierta sobre los documentos fundacionales de "Podemos", ni el personalismo de Pablo ni su Politburó son asambleístas sencillamente porque no creen en la democracia asamblearia al abogar y defender el fraude de la representativa, como por otra parte no podía ser menos tratándose de alumnos aventajados de esa descarada maquinaria de adoctrinamiento en la que se ha convertido la Universidad española.

De un discurso directo con apuestas ciertamente "provocadoras", los trenes de aterrizaje de "Podemos" parecen haberse activado, modificando, cuando no retractándose, de algunas de sus propuestas "estrella" como el impago de la deuda (pago imposible, por cierto, que no les he oído denunciar), la cual, pudiendo ser parcialmente legítima es en su totalidad inmoral, optando ahora por su reestructuración y auditoría para que sean las clases populares las que sigan soportando su ignominioso peso.

Ustedes apuestan por un sistema electoral que es un fraude en sí mismo y por una democracia parlamentaria, en forma de Monarquía o de República, que es el antagonismo natural de la democracia asamblearia, aunque admito que me ha gustado el sistema de votación interno para votar los documentos programáticos más allá de las maniobras internas modificando a última hora el reglamento para hacerlo, algo que huele bastante mal a una clara concentración del poder.

Nunca parecen referirse a qué es lo que piensan hacer con el Ejército y con los aparatos represivos de un Estado, en especial los antidisturbios, Estado que pretenden robustecer, olvidando que esta forma de organización política constituye la antítesis natural dela libertad del individuo en la que ellos, o mucho me equivoco, no parecen creer en absoluto, de la misma manera que abogan por potenciar la escuela pública como fórmula de control y adoctrinamiento de las mentes de los más pequeños desde su más tierna edad.

Tampoco la Ética parece ser una de las columnas vertebrales de su programa fundacional (al menos de ninguno de sus 4 documentos fundamentales), cuando es lo cierto que, sin un cambio sustantivo en las convicciones y en la escala de valores de los individuos que conforman la sociedad, no habrá transformación alguna, sino meros maquillajes cosméticos que nada tienen  de radicales, de antisistema ni de revolucionarios.

Finalmente sería muy interesante que nos parásemos a reflexionar sobre por qué mágico motivo el señor Pablo Iglesias y "Podemos" (al igual que ya sucediera con el 15 M), se convirtieron en los invitados "estrella" de todos los medios de desinformación generalistas, precisamente cuando es de todos sabido que nada de cuánto aparece en la pequeña pantalla es posible visualizarlo sino después de haber sido filtrado por la misma oligarquía controladora que mantiene la dictadura parlamentaria de los partidos políticos por ella creados y consentidos.

Los cantos de sirena son hermosos, ciertamente, pero no son reales y están, por lo tanto, envenenados; cuidado con las promesas fáciles, cuando no demagógicas del señor Iglesias pues son semejantes al Felipe González con camisa de mangas y arremangado que a tantos, incluido a mí, engañó en 1982 y, por lo tanto, cuidado con esas esperanzas fatuas integradas en híbridos políticos que representan el clavo ardiendo al que muchos se aferran convencidos de que es lo mejor que tenemos y la única esperanza de futuro, pues ellos lo saben muy bien.

Por lo tanto, porque ni "Podemos" ni Pablo Iglesias (que en buena parte son lo mismo), creen, aunque pudiera parecerlo, en la democracia directa y asamblearia; porque abogan por u Estado más fuerte cuando es la antítesis natural de la libertad del individuo; porque propugnan un continuismo garantista del status quo y porque su programa avala un Sistema corroído hasta la médula con meras apariencias novedosas y porque la palabra Revolución está fuera de su vocabulario, No puedo confiar en "Podemos" y menos en el personalismo de un Pablo Iglesias cuya coleta recogida no garantiza que, en el fondo, pudiera preferir una levita o la más suave de las corbatas de seda.

Por todo ello, no puedo fiarme de "Podemos"