domingo, 21 de diciembre de 2014

¿DEBE PAGAR ESPAÑA LA TOTALIDAD DE SU DEUDA?




“El problema es el Sistema; la solución es la Revolución”

Consigna del 15 M

 

Es esta una de las cuestiones claves que muchos nos venimos planteando cuando examinamos la evolución de la deuda pública española y su continuo e imparable incremento, hasta el punto de concluir, que el pago de dicha deuda es imposible y de que va siendo ya hora de abordar su reestructuración, una más que evidente declaración parcial de ilegitimidad y hasta una posible quita.
La deuda pública española (es decir, lo que el Estado debe a sus acreedores) alcanzó en septiembre de 2014 la astronómica cifra de un billón 236 mil millones de euros (59.000 millones más que en 2013, lo que representaba el  96,80% del  PIB o riqueza anual de un país), record histórico desde hace más de cien años que significa que cada ciudadano español debe por este concepto algo más de 20.000 euros, insostenible situación que ha llevado ya al país a situaciones de pobreza generalizadas y a un callejón sin salida cuyas consecuencias, de no abordarse seriamente este problema, son imprevisibles, empezando porque en 2015 el estado español tendrá que hacer frente al mayor pago de deuda de toda su Historia (155.000 millones de euros).
Pretender pagar una deuda de semejante envergadura cuando la precariedad y el empobrecimiento generalizados de la población impiden que el Estado pueda obtener los recursos suficientes para poder afrontarla, es una broma de mal gusto que sólo se explica si tenemos en cuenta que muchos de sus posibles acreedores son los mismos que la han provocado y que están haciendo grandes negocios especulativos con ella hasta reducir a los estados deudores a meras marionetas.
Lo primero que deberíamos conocer es quiénes son esos acreedores, un dato “oculto” que no hay manera de saber con certeza  (aunque sabemos que la Seguridad Social ha invertido en torno a 60.000 millones de euros en pasivo público, que otros 16.000 millones serían de empresas particulares no financieras y unos 5.000 de personas individuales), opacidad ésta que sólo se entiende si tenemos en cuenta la connivencia natural de intereses entre la maquinaria estatalista y el capital financiero, por lo tanto, ¿por qué estar obligados a pagar una deuda a cuyos acreedores “fantasma” ni siquiera conocemos?.
¿Es legítima la deuda generada por los especuladores financieros prestamistas de capital (y no tanto de la generada por los suministradores de bienes tangibles), para incrementar sus beneficios a costa incluso de la aniquilación de la sanidad y  educación públicas, “obligando” a los gobiernos títeres, por ellos moldeados, a privatizaciones en masa de bienes y servicios públicos y a rescates bancarios que constituyen una de las afrentas más gigantescas que hayamos tenido que soportar?.
¿Estamos obligados, los ciudadanos, a pagar la deuda contraída con numerosos acreedores, a título individual y muchas veces de mala fe amparándose en las instituciones, en contra de nuestros intereses generales, por el solo hecho de revestir una supuesta formalidad legal que, pese a ello, no puede impedir encubrir una inmoralidad que avala el que no debiera ser pagada?
¿Por qué ningún gobierno europeo y muy pocos en el mundo, abordan estas cuestiones con seriedad? Ah, se me olvidaba que esa pandilla de adláteres especialistas en “puertas giratorias” y psicópatas contumaces, sólo responden ante sus verdaderos amos, amedrentando, eso sí a las poblaciones, con grandes cataclismos sociales y económicos si el país dejase de pagar la  deuda declarada como ilegítima, como si las clases populares no estuvieran padeciendo ya semejantes tsunamis y soportando las consecuencias de sus irreverentes y criminales políticas, ¿qué se puede perder cuándo ya se está pagando mucho más de lo que se recibe o incluso cuando todo o caso todo se ha perdido ya?
¿No será que sus temores radican en que dejarían de cobrar fabulosas cantidades de dinero generadas sobre el sufrimiento de no pocas gentes, cuando es sabido que ese “cierre del grifo” crediticio con el que intentan atemorizarnos, nunca tendría lugar, sencillamente, porque ellos serían los principales perjudicados? ¿por qué no explicarle a las poblaciones que esas supuestas restricciones podrían generar probables complicaciones e incomodidades que, en todo caso, encontrarían seguras soluciones en otros mercados o en el intercambio de bienes y de servicios, así como en la concienciación de las clases populares de que aquellas constituirían el tributo para salvaguardar su independencia y su dignidad?
Propugno, en consecuencia, ingenuo de mí, que el próximo gobierno que salga del simulacro electoral de esta pantomima de democracia, aborde esta cuestión anteponiendo, el bienestar de su pueblo, sobre la usura especuladora, un bienestar hipotecado, eternamente, a pagar una deuda a quiénes especularon para enriquecerse a costa del empobrecimiento de las naciones y del buen nombre del maldito y criminal neoliberalismo capitalista.

 

viernes, 19 de diciembre de 2014

ATAQUE CONTRA SEDE PARTIDO POPULAR, ¿OTRA "FALSA BANDERA"?




“La vedad que daña es mejor que la mentira que alegra”

Proverbio árabe

 
Cuando todavía no he salido de mi estupefacción tras la más que sospechosa coincidencia temporal, en menos de 48 horas, de acontecimientos de magnitud internacional como el acuerdo entre los Estados Unidos y Cuba, el alto el fuego de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC, la salida de HAMAS de la lista negra de organizaciones terroristas, el desplome del rublo en Rusia o el reconocimiento de Palestina como Estado por la Unión Europea, me desayuno con un supuesto ataque con explosivos contra la sede central del Partido Popular en Madrid.
Poco conocemos sobre este hecho que ha tenido lugar sobre las siete de esta mañana, salvo que un coche se ha empotrado, alunizando en dicha sede, “con material inflamable aunque no explosivo” y que su presunto autor ha sido un parado aragonés de larga duración de 37 años arruinado “por culpa del PP”, según sus primeras declaraciones, y que ya ha sido detenido.
Sin embargo, nada más tener conocimiento de la noticia, surgen numerosas preguntas: ¿podríamos estar ante un montaje tipo “falsa bandera” (operaciones encubiertas realizadas por ciertas organizaciones diseñadas para que parezcan ejecutadas por otras diferentes)  con el que dar un vuelco, de cara a las próximas elecciones, en la tendencia del voto de un importante sector de la opinión pública, justamente ahora que el Partido Popular está perdiendo miles de votos cada día y en cascada según todas las encuestas?
¿Cómo es posible un ataque como éste, con mucho ruido y pocas nueces, perpetrado, una vez más, por un único individuo, con problemas psíquicos (cuando no un loco como así suele suceder habitualmente), que actuó con descaro ante la sede central de un partido en el Gobierno, sin la menor medida de seguridad cuando medio país se la tiene jurada? ¿es esto creíble?
Poco sabemos todavía de este incidente que, a buen seguro, llenará los noticieros y las aperturas de todos los medios, desviando la atención sobre aspectos tan relevantes como la recientemente aprobada ley mordaza” o la falsa recuperación de una crisis que sólo existe en el inventario repleto de mentiras del Partido Popular y del Gobierno al que sustenta.

jueves, 18 de diciembre de 2014

ISABEL, LA SERIE TELEVISIVA DE UNA INFAMIA HISTÓRICA





“No existe peor tiranía que la que se ejerce al calor de la Justicia y a la sombra de las leyes”


Montesquieu




TVE acaba  de emitir el último capítulo de su exitosa  serie histórica “Isabel”, galardonada, entre otros reconocimientos, con el Premio Nacional de Televisión concedido por el Gobierno español  a través de su Ministerio de Educación y de Cultura por su  contribución a “la difusión de valores”  (¿a qué valores se refiere?), serie bien acogida por buena parte de la ciudadanía, pese a  las múltiples críticas que se le pueden hacer a esta gigantesca infamia histórica.


Particularmente llamativo ha sido el por qué fue  estrenada en septiembre de 2012, casi un año después del triunfo electoral del Partido Popular, después de haber  estado “bloqueada” durante varios años por el gobierno  socialista  anterior que alegó  problemas de financiación que no fueron menores ni impidieron su emisión durante los posteriores.


Cabe preguntarse  también  por  qué  esta  serie,  justo en un momento en el que el movimiento independentista catalán ponía en jaque la “sagrada” e “indivisible” unidad nacional del estado español (en Cataluña, no se autorizaron  rodajes en edificios públicos), ha sido aupada y espoleada, tanto política como mediáticamente, como modelo de una Historia llena de sombras  y  como reclamo de una unidad nacional ahora  supuestamente amenazada.


Cabría preguntarse también por qué el nombre de la serie ha sido el de “Isabel”, y no el de “Los Reyes Católicos” o el de “Fernando e Isabel”, lo que genera la sospecha de que lo que  se  ha pretendido  ha podido ser, con un evidente sesgo ideológico, potenciar  el nombre  de  Castilla, y no tanto el de Aragón, como santo identificativo  de lo que luego sería ese conglomerado  de  pueblos y de naciones que conforman las Españas (aunque la historiografía oficial prefiera llamarle simplemente España), la cual era, por aquel  entonces, una  simple realidad geográfica peninsular, pero no política, ya que  hasta  1512  Navarra no pasó a formar parte del estado nacional español.


Convendría  aclarar, para  empezar,  que la “dulce” Isabel fue, según numerosos historiadores, una verdadera usurpadora, ya que el vallisoletano Rey de Castilla, Enrique  IV, tenía una hija  con  su  esposa  Juana de  Portugal,  llamada igualmente  Juana, a  la  que los rebeldes  nobiliarios, por razones políticas, nunca reconocieron  como  legítima heredera por atribuir su paternidad a Beltrán de La Cueva, el valido del Rey  (de ahí  lo  de “la Beltraneja”), una  intriga  que  jamás ha sido probada y que sirvió  de pretexto para  que  prestaran  su apoyo  a  los  hermanos  del  Rey, los infantes Alfonso, primero, e  Isabel  después, futura Reina de Castilla, tras la prematura muerte de  éste, complot  histórico   que  la serie aborda presentando a “Juana La Beltraneja” como la usurpadora y a sus partidarios y defensores como traidores, y a Isabel, por el contrario, como la reina legítima, asunto éste sobre el que los historiadores, quinientos años después, no se han puesto todavía de acuerdo, pero sobre el que los guionistas de la serie, continuadores  del  revisionismo españolista de los siglos  XIX  y  XX, no  parecen haber tenido ninguna duda.


De la misma manera, se hace necesario precisar que es falaz el famoso lema del “tanto monta”, inventado por el franquismo para resaltar la etapa  de  “grandeza, fortaleza  y  esplendor”  del  reinado de Fernando e Isabel, al frente de una Castilla  “conquistadora”,  colonizadora, expoliadora y genocida  de  América (vergonzosa patraña, la de su “Descubrimiento”  ya desmontada pero mantenida como cierta por la historiografía  oficial  imperialista).


 La “duce Isabel”  fue, además  y principalmente, la “protectora” de la ortodoxia católica que ella impulsó, implantó y mantuvo como única en la parte del territorio peninsular bajo  su  yugo, gracias a la expulsión de los judíos en 1492 (en virtud del Edicto de Granada)  y  a la  siniestra  y  detestable creación en 1478  del  Tribunal  de la Santa Inquisición, un hecho que, por sí solo, debería  bastar para  lavar la buena imagen que la serie ha pretendido transmitirnos de esta señora de la que se  oculta también que no fue nombrada Princesa de Girona (catalana, por cierto, silencio  más  que sospechoso), por así haberlo prohibido las Cortes de Aragón, mostrándonos, en cambio, su presencia en la toma de Granada, cuando jamás estuvo presente  en la conquista de este Reino.


Pero si  la  serie encumbra a la mítica  Isabel  poco menos que a la categoría de “santa” (como han preconizado ya los sectores más ultra inmovilistas del país), no hay que olvidar a Fernando, rey de Aragón y consorte  de Castilla (cuya  familia  estuvo  vinculada  con la de  los  Borgia),  instaurador de  la Inquisición en Aragón  (aunque, según  la  serie,  por voluntad  de Isabel), sobre la base  de  pretextos  religiosos que ocultaron un intento de férreo control político sobre los territorios aragonés, catalán y valenciano  sometidos a la  Corona de Aragón, un Fernando “el Católico” que tejió  la  maraña política  para incapacitar a su hija Juana e impedir que reinase como legítima  Reina de Castilla, con la excusa de una supuesta locura que, más bien, respondía  a  intereses políticos de la peor estirpe y sobre la que existen, igualmente, numerosas dudas históricas, de hecho, Maquiavelo, al escribir su famoso “Tratado del Príncipe”, se inspiró no en César Borgia, como erróneamente  se ha creído, sino en Fernando II de Aragón, es decir, en Fernando “El Católico”, ese rey dócil, amansado y segundón que nos pinta la serie.


No menos escandalosa resulta la manera con la que la  serie ha abordado el asunto del falsamente llamado “Descubrimiento de América”, acontecimiento imperialista de colosales dimensiones que supuso el  sometimiento y aniquilación, a sangre y fuego, de culturas  y civilizaciones, muchas de ellas muy avanzadas, a las que se impusieron unos reyes, una lengua y una religión, enviando  poblaciones  enteras a la esclavitud, la tortura y la muerte a manos de numerosos criminales enviados a las Indias, capitaneados por un intrigante y más que oscuro navegante llamado Cristóbal Colón, para tomar y expoliar, en nombre de los Reyes de Castilla, aquellas  tierras  que ya habían sido visitadas, pero no colonizadas, hasta  mil años antes como bien pudo haber sido el caso del vikingo Erik “El Rojo”, una colonización genocida que el imperialismo español reinante  celebra, cada  12  de  octubre, para vergüenza y sonrojo de muchos, como el “Día de la Fiesta Nacional o de la Hispanidad”.


En definitiva, aparte de reconocer la buena interpretación  de todos los actores, la  buena  factura en el ropaje y una ambientación mejorable, lo que la serie  ha  pretendido ha sido identificar la “gloria” de aquella Castilla mítica, “madre  de  España” y embrión de un Imperio donde “no se pondría el sol”, con la necesidad de apuntalar, en este momento, el nacionalismo  español  autoritario que, entre otras cosas, ha tratado obsesivamente de aniquilar la identidad propia  de  tantos otros pueblos y naciones que conforman el  actual  estado  español, tratando a sus defensores  de  analfabetos, traidores y oportunistas.


Y como para muestra basta un botón, Televisión Española, en la que no se emite nada  por  casualidad,  ya está preparando una nueva serie donde, a buen seguro, nos mostrará a Carlos I de España y V de Alemania, el Emperador, como el modelo a seguir de quién hizo de España un estado de mercenarios y de colonos al servicio de la fuerza bruta y del sometimiento de numerosos pueblos libres.

martes, 9 de diciembre de 2014

LA NAVIDAD DE LA HIPOCRESIA



Nota: 


Escribí este artículo en la Navidad de 2011, siendo el cuarto más leído de los 232 publicados hasta este momento con más de cinco mil lecturas y uno de los más aplaudidos por la audiencia, razón por la que vuelvo a publicarlo en primera plana tras someterlo a varias modificaciones que no han transformado su esencia ni su carácter original.





Un año más, y ya son muchos, me apresto a vivir, por no decir soportar, desde un espíritu crítico cada día más beligerante, las mal llamadas fiestas navideñas, denunciando  el fariseísmo contumaz con que se pretende  disfrazarlas y convertirlas, fundamentalmente, en un esperpéntico canto al consumismo y una oda a los más bajos instintos materialistas.

Unas fiestas navideñas que representan la ancestral celebración pagana celta del solsticio  de invierno  del 25 de diciembre (el día más corto del año y, por lo tanto, el de menos luz), antes de que la Iglesia Católica, allá por la Edad Media, se la arrogase para sí camuflándola  en una bonita leyenda llena de componentes  religiosos carente del menor rigor histórico, con la finalidad de desviar la atención de aquellos  ritos ancestrales (de los que el árbol de Navidad es su exponente más ilustrativo)  hacia nacimientos y adoraciones  que nunca tuvieron lugar, por tratarse de metáforas llenas de simbolismo y de claves esotéricas.

Nos han pintado la Navidad como una etapa idílica en la que todo parece humanizarse y, donde hasta los opuestos, parecen aproximarse hasta la fusión; unas fechas donde la tristeza, la depresión y la desesperanza generalizadas parecieran desaparecer como por encanto  y hasta donde la solidaridad pareciera  expandirse por doquier como un bosque de estrellas,......., sin embargo, lamentablemente, todo esto está muy lejos de ser cierto.



Ficticia  es  también esa supuesta fiebre humanitaria que pareciera invadirlo todo, aparente, por la sencilla razón de que la humanización auténtica es una labor diaria, que nace desde el interior de cada cual y no el mero lavado pasajero de una mala conciencia con el que algunos parecen conformarse llegadas ciertas fechas, por ser eso lo que  parece que toca hacer siguiendo las moralinas de turno.


Asistimos  al  patético  desfile, a través de las más céntricas (pues las restantes parecieran  no existir), luminosas y engalanadas  calles y plazas de nuestros  pueblos y ciudades,  de un ejército de “zombis” consumidores dispuestos  a gastarse, tan absurda como irracionalmente, mucho más de lo que necesitan, para  satisfacer  un vacío que no podrán llenar con sonrisas inocuas, ni con montones de copiosas comidas ni, menos aún, con la compañía de gentes con las que, en tantas ocasiones, no les une más que la apariencia o la hipocresía más indisimulada.

Por otra parte, para “celebrar” la llegada de tan “entrañables” fiestas, nos reuniremos en las grandes farsas de las comidas o de las cenas de trabajo con aquellos a quienes no queremos ver ni en pintura, los mismos que, incluso, nos someten a condiciones laborales esclavistas o han puesto fecha de caducidad a nuestra actividad laboral, aunque ese día o esa noche les deseemos nuestros mejores deseos con la mayor de las hipocresías; mientras que en las tan laureadas “cenas y comidas familiares” asistiremos, muchas veces, a toda una pléyade de mordaces  ironías  y "espectáculos" innombrables, incluidas  numerosas discusiones y hasta peleas que terminan requiriendo la presencia policial.





Tampoco dudaremos en comprarle a nuestros hijos una montaña de juguetes para que aprendan a no entretenerse con ninguno, atiborrándoles de aparatos electrónicos para  convertirlos  en robots humanos carentes de raciocinio  y sensibilidad; cayendo así, en la trampa de un consumismo  devorador  que, no  satisfecho con la llegada de “los Reyes Magos”, ha importado también  su dichoso “Papa Noel o Santa Claus”, duplicación con la que el sistema capitalista ha querido robustecer el consumismo sin sentido, con argumentos tan peregrinos como inconsistentes, al tiempo que, hasta hace muy poco tiempo, algunos “adornaban” sus ventanas con patéticos muñecos, importados sin sentido, que decoraban su esnobismo y ahora, sino en la basura, duermen en un oscuro rincón de sus hogares.


No faltarán las “felicitaciones” propias del momento, muchas de ellas robotizadas e hipócritas hasta el infinito, sólo para falsear también la inexistencia de una relación sincera de amistad que sólo es cierta si transciende los límites de unos días señalados, de la misma manera que las plantas requieren de un riego constante y no sólo de unas simples gotitas de agua cuando te dicen que debes acordarte de regarlas.

Y, mientras tanto, la maquinaria publicitaria  será  encendida a todo gas, para corromper las conciencias de unos destinatarios que, en general, si siquiera son conscientes de ser simples marionetas a las que el Sistema  maneja con tanto desprecio como maquiavélica impunidad, tratando de encubrir una sociedad ególatra, insolidaria y llena de carencias materiales, cuya tristeza  de espíritu es incapaz de ocultar.



Y, como telón de fondo, los embusteros mensajes de personajes como los Reyes de las Españas de turno, de los psicópatas presidentes del gobierno central y de los 17 “reinos de taifas” que arruinan a la población cada segundo que respiran; los miles de alcaldes que han usurpado desde hace siglos el poder vecinal y concejil, mancillando la única democracia que lo es, la asamblearia; los “manda más” de nuestras empresas, jefecillos de centros de trabajo o abraza farolas de poca monta gratificados como “estómagos agradecidos” que sin la menor vergüenza se atreven a desearnos "lo mejor".


Un panorama lúgubre, dirán algunos; desolador, opinarán otros; veraz, afirmarán otros tantos.......y, aunque parezca mentira...... esperanzador, esgrimirán los menos......, teniendo en cuenta que, sólo partiendo de un supuesto diagnóstico acertado, es posible hacer frente a la enfermedad que padece la sociedad en la que vivimos.

Esta Navidad, pese a todo, brindaré....... brindaré por aquellos que han comenzado a hacer un consumo  racional de las cosas haciéndole la Pascua al Capital; brindaré por cualquier propósito de la enmienda que nazca desde lo más sincero de uno mismo; brindaré por quiénes sufren soledad, miedo o dolor; brindaré por aquellos, en cuyos corazones, existe un lugar para sus amigos y un recuerdo sincero para quiénes siempre se tendrá una deuda de gratitud; brindaré por aquellos que se han ido y cuyo recuerdo nos acompañará siempre, brindaré por quiénes son un ejemplo constante de buen hacer, por cualquier gesto solidario, actitud generosa o valor humanitario y, sobre todo, brindaré  por  el despertar de las conciencias de los espíritus más elevados y por el renacer de la esperanza de aquellos que la han perdido.

Una Navidad, por lo tanto, cuyo verdadero sentido sólo podrán vivir aquellos que, desde la coherencia de sus corazones, estén preparados para percibir “algo” diferente, si nos aferramos a la hermosa creencia del rocío de la noche del solsticio con la que las estrellas ungen las almas auténticas.







 ........para todos los hombres y mujeres de buena voluntad........  de todo corazón
 
FELIZ NAVIDAD



viernes, 5 de diciembre de 2014

MÁS ALLÁ DE LA VIOLENCIA EN EL FÚTBOL, REFLEXIONES DE UN ATLÉTICO




“El fútbol es la única religión que no tiene ateos”   

Tras los acontecimientos acaecidos el pasado domingo en las inmediaciones del estadio Vicente Calderón con el trágico balance de una víctima mortal, no parece que sea este un momento políticamente muy correcto para afirmar, muy alto y con mucho orgullo, que he sido, soy y siempre seré seguidor, hincha y ahora también socio de mi querido Atlético de Madrid, así como simpatizante del Frente Atlético.
Los lamentables acontecimientos por todo conocidos, que no son nuevos ni serán por desgracia los últimos, han convulsionado el panorama social y deportivo de nuestro país, brindando la oportunidad de hacer un análisis serio sobre la violencia que rodea al mundo del fútbol y sobre qué medidas adoptar para afrontar un problema de tanta magnitud.
Lo primero que tengo que decir es que intentar asociar este lamentable suceso con un solo club de fútbol, en este caso el Atlético de Madrid, significa no entender que la violencia que rodea este deporte, tanto dentro como fuera de los estadios, tiene una clara e  innegable naturaleza social extensible al conjunto de estas entidades deportivas, reflejo fiel de una sociedad carcomida por la competitividad mal entendida, llena de agresividad en su sentido más primigenio y azuzada por una prensa que, con su descarnada terminología criminal (“matar” un partido o “killer” del área, por poner solo dos ejemplos), no hace sino alentar los más bajos instintos pasionales, fáciles de prender en las capas sociales más irreflexivas y emocionales, donde se dan la mano la rabia, la ira y la frustración.
Qué medidas adoptar ahora? ¿bajar de categoría a los clubes que consientan estas cosas, quitarle puntos de la clasificación o expulsar asociaciones, como la del Frente Atlético, en cuyo magma me sumerjo en los prolegómenos previos de cada partido al que asisto (al compás de un par de cervezas y de algunas canciones anti madridistas), asociación integrada por más de cuatro mil personas, normales la inmensa mayoría, de la cuales tan sólo un pequeño grupúsculo son gentuza de la peor calaña?
No, no confundamos a la gente, la inmensa mayoría de ellos ni son escoria social ni criminales en potencia, sólo gente agrupada en una asociación que busca y consigue canalizar la mucha agresividad, que no es sinónimo de violencia, que la sociedad de la que forman parte se encarga, cada día, de inyectarles en sus vidas.
Más bien cabría preguntarse, ¿a quién, aparte de los clubes de fútbol, ha interesado, durante tanto tiempo amparar,  subvencionar y proteger toda clase de material y simbología racista, radical y xenófoba dentro de sus estadios? ¿ha sido casualidad que, precisamente ahora, en un momento de efervescencia social sin precedentes, haya tenido lugar esta patético suceso? ¿por qué no se tomaron medidas para evitarlo (ahora se habla de errores informáticos en los protocolos que sólo los ingenuos se pueden creer), o es que a alguien interesaba no hacerlo, quizá, por ejemplo, a la Delegación del Gobierno en Madrid que sólo se entera de lo que quiere, especialmente cuando de protestas se trata contra el Gobierno de turno?.
¿Ha podido utilizarse estos lamentables incidentes para desviar la atención sobre alguna cuestión trascendente de la que los medios no se hayan hecho eco durante estos últimos días? ¿pudo haber habido, como se denuncia en algunas redes sociales, connivencia policial en favor de los impresentables delincuentes del Frente que participaron en estos hechos?
¿Se aprovecha esta circunstancia, al amparo de estos hechos, para ejercer todavía un mayor control sobre las masas impidiendo que esos cánticos e iconografía se puedan volver, más pronto que tarde, contra el Poder establecido, teniendo en cuenta que será ahora el Gobierno y no el club de turno quién tomará las decisiones y dirigirá las acciones a seguir? Y si esto es así ahora, ¿por qué no se adoptaron estas medidas cuando, a  principios de los 80, comenzaron a aparecer estos grupos radicales y violentos que nada tienen que ver con el fútbol, aunque lo parezca? ¿piensa el Gobierno cerrar todos los bares donde esta parafernalia va a seguir existiendo, ahora más envalentonada que nunca, o prohibir los tenderetes donde se venden pancartas, banderas o camisetas políticamente incorrectas? ‘No estamos asistiendo a la activación en el fútbol de una especie de Patriot Act, la ley de medidas excepcionales activada en los Estados Unidos a raíz de los auto atentados del 11 de septiembre de 2001?
Probablemente no exista un escenario con mayor eco mediático que el mundo del fútbol en este país, para proyectar los efectos de cualquier incidente, medida o control, un escenario que al Estado interesa como a nadie mantener al coste de lo que sea (en Roma se hacía lo mismo con los “circos” en el Coliseum), incluidas las consentidas y desvergonzadas deudas contraídas con la Agencia Tributaria o con la Tesorería General de la Seguridad Social.
Finalmente, si alguien piensa que con estas medidas de “excepción” que se van a tomar en los estadios la violencia desaparecerá, es un ingenuo, porque ésta perdurará en tanto la sociedad siga enferma y en estado terminal, de la misma manera que estos grupos “ultras” seguirán campando a sus anchas, dentro o fuera de los terrenos de juego, golpeando o persiguiendo a los rivales, como a mí que he tenido que correr enloquecido huyendo de dos “ultras Sur” que querían pegarme sólo por llevar una bufanda del Real Valladolid.
Termino afirmando mi amor incondicional a los colores colchoneros y mi simpatía por el Frente Atlético, al tiempo que me planteo también si, aprovechando que el “Pisuerga pasa por Valladolid” y nunca mejor dicho, la prensa bipartidista, culé y madridista, no estarán aprovechando la circunstancia para tratar de embadurnar el gran momento de gloria, el mejor de toda su Historia,  que está atravesando el actual campeón de liga y subcampeón de Europa como es el Atlético de Madrid, y de paso hacer lo propio con Diego Pablo "El Cholo" Simeone, nuestro gran entrenador,  algo que, aun poseyendo todo su poder mediático y dinerario no conseguirán nunca, sencillamente, porque el que es atlético nace y muere atlético y, ganando o perdiendo, siempre lleva con orgullo los colores colchoneros.

martes, 2 de diciembre de 2014

EL GOBIERNO "SAQUEA" LA HUCHA DE LAS PENSIONES





“La Verdad se defiende sola, mientras la mentira necesita de los poderes establecidos”

Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de América



Parecía que ya lo habíamos visto todo y que los desmanes de la casta política, del aquelarre bancario y del impúdico vasallaje mediático hacia las oligarquías imperantes ya habían tocado fondo, pues no, ni mucho menos, como demuestra el hecho de que la voracidad del Gobierno del PP sigue hundiendo sus fauces en la llamada “hucha” de las pensiones, esto es, en el Fondo de Reserva de las Pensiones de la Seguridad Social.
Es ésta una “hucha” constituida en 1997 al amparo del llamado “Pacto de Toledo” para paliar los efectos negativos de los ciclos económicos menos boyantes con los superavits generados en las épocas de bonanza, algo que así sucedió desde 2000 (en que recibió las primeras aportaciones) hasta 2011 año en que llegó a alcanzar los 63.000 millones de euros.
Desde entonces hasta ahora, la última ayer 1 de diciembre, el Gobierno del Partido Popular (sin contar ni con el “Pacto de Toledo” ni con el Parlamento), ha vuelto a sacar recursos de esta “hucha” para pagar las pensiones extraordinarias de verano y de navidad a los pensionistas, por séptima vez y en algo más de dos años, por un montante total de 22.000 millones de euros, hasta dejar dicho Fondo de Reserva en los actuales 42.675 millones, o lo que es lo mismo, en un 41% menos que cuando comenzó la crisis.
Una “hucha”, poco menos que sagrada,  que ningún Gobierno se ha atrevido a tocar hasta que llegó el PP, un episodio más enmarcado dentro del expolio financiero por ellos desplegado, extracciones calificadas de “saqueo” por los diarios alemanes Der Spiegel  y Deutche Wirtchafts Nachwischten así como de “desfalco” por diversos medios informativos internacionales que critican muy duramente, como el Financial Times, el silencio de la prensa nacional ante estas tendenciosas maniobras al tiempo que califica al ministro De Guindos como “el peor ministro de economía de Europa” y a Rajoy como “político provinciano”
Pero si todo esto no fuera ya suficiente motivo de alarma, es mi deber hacer saber que buena parte de la deuda pública soberana sacada al mercado por el Estado, está siendo adquirida por él mismo con los fondos que garantizan el pago de las pensiones futuras (hasta algo más del 90%), maniobra especuladora denunciada por diarios tan prestigiosos como el Financial Times, mientras los perritos falderos mediáticos nacionales silencian esta canallada al tiempo que bailan, felices y contentos, al son del falso mantram de que la recuperación económica es un hecho y que sigue mejorando, en tanto ya casi el 50% de los españoles afirman que no llegarán a cobrar jamás pensión pública alguna.
De seguir esto así, en muy poco tiempo el expolio habrá sido total y dicho Fondo de Reserva estará seco, lo que conllevará consecuencias catastróficas para numerosos pensionistas que verán reducidas las prestaciones a las que tiene derecho, caso de no ser eliminadas, ante lo que cabe plantearse si el Estado, en la actual situación, se puede seguir permitiendo el lujo de pagar pagas extraordinarias a su ejército de funcionarios en activo, algo que, hoy más que nunca, suena a privilegio, aunque a  muchos les fastidie oír esto y parezca políticamente incorrecto, pero claro hay que mantener el voto cautivo de gran parte de ellos y garantizar el consumismo para retroalimentar un Sistema que cada vez se parece más a la sociedad de los 2/3 preconizada, en su día, por Margaret Thatcher y Ronald Reagan.
Para concluir, denunciar el aniquilamiento progresivo del sistema público de pensiones como consecuencia de las políticas neoliberales de carácter faccioso tan de moda en Europa de las que Rajoy es uno de sus principales paladines, al tiempo que se intensifican las campañas publicitarias para que la gente invierta sus ahorros en planes de pensiones que, muchas veces, son un foco de alto riesgo cuando no una auténtica estafa amparada institucionalmente.

 

lunes, 1 de diciembre de 2014

"PODEMOS", EL CAUDAL DE LA ILUSIÓN





“La Historia es nuestra, y la hacen los pueblos”
Salvador Allende, presidente de Chile  (1970- 1973)
         



A mí, “Podemos”, todavía no me ha convencido, pero sí que ha conseguido algo importante desde que el PSOE de Felipe González ganase las elecciones generales en 1982: ha despertado mi simpatía.


Mantengo muchas dudas en torno al surgimiento, supuestamente  espontáneo del “Movimiento 15 M”, primero, y  de “Podemos”, su heredero político y espiritual, después, muchas sí, pero no tantas como para no reconocer que, nunca como desde entonces, nadie haya sido capaz de aglutinar tal semejante caudal de entusiasmo e ilusión entre gentes de la más variada extracción social e ideológica en todos los territorios del Estado.


Acostumbrado a contemplar el autómata deambular, triste, abatido, desesperanzado y abocado a la resignación de la población cada vez que ha sido convocada a un proceso electoral representativo (y, `por lo tanto, más que criticable y más que sospechosamente inmoral), se ha pasado, en los últimos meses, al resurgir efervescente de una formación política originaria de una barriada de Madrid cuyos impulsores fueron tachados, hasta no hace mucho tiempo, de lunáticos y de soñadores por aquellos que no creen en nada y sólo sirven al inmovilismo del privilegio y a la obscenidad de la corrupción.


Unos personajes, los de “Podemos”, cuya imagen, socialmente nada  acostumbrada, tanto  molesta a la casta y a sus cachorros, mientras a la gente  corriente tanto nos agrada, unos personajes bien preparados dialécticamente, hasta ser  capaces de convulsionar el panorama político sólo por atreverse a llamar a las cosas por su nombre y por prometer regenerar una vida pública con una nueva “reconstrucción nacional”, con medidas que al Régimen del 78 y a los rapsodas de la Transición (incluida la Banca y las oligarquías financieras), les hace temblar de pánico y de inquietud.


Pero lo que más me agrada de todo esto (sin valorar en este escrito la dudosa viabilidad y concreción de algunas de sus medidas estrella y su semi silencio sobre la Monarquía, la iglesia o el Ejército), es la enorme ilusión generada  en  tan amplios sectores de la sociedad que el nerviosismo ha cundido en el  PPSOE y demás formaciones que le bailan alrededor, al constatar que, lo que creían inicialmente una broma de los “Coletas boys”, está a punto de estallarles en sus propias manos, y con ello, de acabárseles el chollo del garito del postfranquismo que nos vendieron como una Transición modélica.


Ha llegado el momento de la ruptura, porque la ruptura es lo que una gran parte de la sociedad de las Españas está pidiendo a gritos como una oportunidad histórica sin precedentes, un nuevo modelo basado en la ética y en el sentido común, ingredientes imprescindibles para cualquier regeneración auténtica, donde la corrupción y las privatizaciones generalizadas para beneficio de unos cuántos, queden desterrados de la vida pública.


La abolición del Estado como organización alienante contraria a la libertad del individuo y de las colectividades de las que forma parte (supresión que para nada parece estar en los programas de “Podemos”), debería de ser un paso que habría  que plantearse más adelante con la correlativa maduración de las convicciones cívicas y morales de cuántos conformamos esta sociedad que, pese al catastrofismo y al miedo con los que la reacción facinerosa intenta asustarnos, sobrevivirá, con o sin ellos.


Mis dudas sobre la irrupción pública de “Podemos” persisten, y mis sospechas también, pero pese al riesgo que implica depositar cierta confianza en alguien, “Podemos” podría merecer, cuando menos, el beneficio de la duda, junto  al  contrapeso de un exhaustivo control sobre la honestidad que predican para  evitar que pudiera devenir  en  un “más de lo mismo” que, para nuestra desgracia, tan bien conocemos todos.


Una simpatía, la mía, acrecentada cada día más al verificar como los profesionales de la política al servicio de las oligarquías en connivencia con los manipuladores mediáticos, buscan, como sabuesos desesperados, la menor irregularidad en la vida personal o profesional de los impulsores de “Podemos” para hundir sus reaccionarias fauces sobre ellos, irregularidades que, si no encuentran, no dudes que se inventarán, ellos, prestidigitadores de la infamia y husmeadores de malos olores que conocen muy bien por ser ellos quienes huelen mal.


Algunos voceros del Sistema no se cansan de afirmar que el presunto voto hacia “Podemos” es un voto de rabia, hartazgo e indignación, es posible, pero silencian que es también el voto de la esperanza para muchos y de la ilusión por un futuro mejor para no pocos porque, como dicen el “Podemos”, la sonrisa ha cambiado de bando, y eso, fastidia mucho al que sólo finge sonreír a través de muecas tan horrorosas como los oscuros intereses que defienden.


Seguiré con atención, rigor crítico y progresivo interés, el ascenso en las encuestas de la formación de Pablo Iglesias, pronosticando que, será “Podemos”, quién, muy probablemente, ganará las próximas elecciones generales, algo que sólo será posible gracias a la ilusión y a la esperanza generadas en los corazones y en la buena voluntad de la gente sencilla cuyo principal aspiración es vivir en paz y con transparencia, y que se acabe la impunidad para los ladrones y para los canallas.


“La Historia es nuestra”, decía el Presidente chileno Salvador Allende, “y la hacen los pueblos”.


Es la hora de dar un paso hacia adelante, es la hora de hacer Historia, es la hora del pueblo.


Porque Sí se puede.